Tengo examen, ¿me presento o no me presento?

En los ratos –y hasta en los minutos- previos al momento de rendir un examen, todos los estudiantes dudamos sobre si presentarnos o no. La mayoría de las veces es por el miedo. Sin embargo, existen ciertas circunstancias que ameritan no presentarse a un examen. Veamos cuáles son.

Un problema de horario nos puede impedir presentarnos a un examen

Un problema de horario nos puede impedir presentarnos a un examen

A todos nos ha pasado alguna vez: llegar hasta la puerta del aula para hacer un examen, observar a nuestros compañeros, ya sentados en sus escritorios, repasando sus apuntes o sus fichas, y de repente sentir que no sabemos nada, que no estamos preparados para rendir ese examen y que es preferible darnos por vencidos, dar la media vuelta y presentarnos en otra oportunidad. La mayoría de las veces es por miedo a fracasar, o por la tensión que implica cualquier situación en la que estemos siendo evaluados. Pero hay ocasiones en las que renunciar a un examen no es tan malo.

Considera el tiempo invertido

Para llegar hasta esta instancia, has debido invertir cierto tiempo. ¿Es el examen un primer parcial de una materia que no te gusta y que estás por abandonar? ¿O acaso es un final para el cual llevas estudiando todo el verano? En un caso como el segundo, lo más probable es que el tiempo que has invertido en el examen compense con creces tu ansiedad. ¡Adelante!

Hay exámenes y exámenes. No es lo mismo arrepentirse de dar un final que hemos preparado a los tumbos, cuando aún tenemos dos fechas más en las que se nos permite rendir y la cursada de la materia aprobada, que abandonar un examen que nos costará recursar la materia –y retrasar un año nuestro título de grado-. Antes de irte por donde acabas de entrar, piensa en lo que pierdes si te privas de rendir este examen.

Problemas por los que no poder hacer un examen

Nadie espera que puedas rendir un examen si el día anterior fuiste operado del apéndice, si acabas de dar a luz o si tienes una fiebre muy alta. En un caso semejante, tienes permiso de rendir en una fecha de recuperatorio. Sin embargo, si tus síntomas se limitan a dolor de cabeza, mareos, inapetencia o náuseas, lo más probable es que se deban a la propia ansiedad producto de la situación. Y cuanto antes te saques de encima el examen, antes volverás a sentirte como nuevo.

Todos tenemos conflictos domésticos, económicos o familiares, pero eso no quita que estudiemos. Sin embargo, un incidente como la muerte de un ser querido, una operación o una mudanza justifican la decisión de postergar un examen. No así una pelea con tu novio/a, una noche de insomnio por culpa de tus vecinos ruidosos o una fiesta a la que te han invitado. No pongas excusas y asume tus responsabilidades. No te arrepentirás de hacerlo.

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