Estudiantes que viven solos: volver a compartir el espacio

Vives solo desde hace un tiempo y te ha ido muy bien. Pero a veces llega el momento de volver a convivir, ya sea con hermanos, amigos o en pareja. Y las reglas del juego cambian.

Por fin has decidido volar del nido; ahora son varias las opciones

Por fin has decidido volar del nido; ahora son varias las opciones

Has tomado la decisión de irte de casa de tus padres. Durante un tiempo la has podido sostener, y te sientes verdaderamente a tus anchas en tu espacio propio. Puede que hayan pasado unos meses o ya unos años, cuando llega el momento de volver a compartir la vivienda. Y esto no siempre es fácil, aunque depende mucho de la situación. Veamos algunas posibilidades y consejos para adaptarse a cada una.

Con uno o más hermanos

Si tu familia vive lejos de tu universidad y se las ha ingeniado para costearte un apartamento y, de esa manera, permitirte estudiar, es posible que cuando tus hermanos menores comiencen a su vez la carrera elegida, tengas que compartir con ellos tu nueva casa. La convivencia con los hermanos tiene la dificultad de que a veces hace surgir los mismos conflictos de cuando eran chicos –quién lava los platos, quién se encarga de la comida, etc.-. Lo importante es ser independientes a la vez que se dividan equitativamente las responsabilidades.

Convivir con amigos

Ya sea porque el salario ya no te alcanza para todos tus gastos, o bien para ayudar a un amigo al que no le alcanza para alquilar algo propio pero que sin embargo está dispuesto a colaborar, vivir con amigos puede ser un desenlace diferente a un período viviendo solo. Con amigos tendrás toda la independencia a la que estás acostumbrado, ya que no deberás rendir cuentas a nadie sobre a qué hora regresas o por qué no te presentaste al último examen si estuviste de fiesta todo el fin de semana. De todas maneras, procura encontrar a alguien compatible con tu carácter, pues de lo contrario la convivencia podría tornarse difícil.

Mudarse con la pareja

Si hace tiempo que estás en una relación de pareja, tal vez has decidido casarte o convivir. El tiempo que llevas viviendo solo te habrá preparado para poder llevar las responsabilidades del hogar, y es importante que el otro también pueda asumirlas. Conversen mucho sobre cómo dividir gastos y cómo realizar las tareas domésticas, para evitar futuros desacuerdos. Y recuerda que, si bien no debes “pedirle permiso” a tu pareja, por cortesía está bien avisar si vienes o no a comer, o si invitas amigos. Después de todo, ya no vives solo y la casa también es del otro.

De cualquier manera, todo lo que aprendiste durante el tiempo que viviste solo, se queda contigo para siempre a manera de experiencia de vida. Y eso es lo más valioso que la independencia puede haberte dejado.

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