Estudiantes que viven solos: la ayuda de la familia

Si estás en duda de hasta cuándo permitir o solicitar cosas a tus padres y qué tipo de ayuda está bien pedir y qué no, te aconsejamos tener en cuenta estos consejos.

La comida de mamá se echa mucho de menos

La comida de mamá se echa mucho de menos

Para los jóvenes que acaban de independizarse y hace poco tiempo han comenzado a vivir solos, la ayuda de sus familias –sobre todo de sus padres- puede ser decisiva. Es muy importante saber que contamos con ellos en caso de que necesitemos una mano. Sin embargo, es necesario saber trazar ciertos límites, ya que de lo contrario nuestra independencia termina siendo algo ficticio.

Comer como en casa

Una de las cosas que más se extrañan al empezar a vivir solos es la comida casera. Si tu mamá te esperaba con una fuente en el horno cuando volvías tarde de la universidad, seguramente al principio te cueste organizarte y dejarte platos preparados. No está mal ir a comer de vez en cuando a casa de nuestra familia, especialmente si vivimos cerca. Tus padres se alegrarán de verte y podrás deleitarte comiendo sano al menos una vez por semana. Si tu madre insiste con llenarte el refrigerador con recipientes de comida congelada, también tienes permiso de aceptárselos. Sin embargo, es importante que poco a poco vayas cobrando independencia también en este sentido. Aprender a cocinar no es difícil, es sólo cuestión de práctica.

Para los estudiantes que viven solos es importante tener las cuentas claras

Si ganas lo justo y necesario como para pagar tus gastos mínimos, es probable que en determinado momento solicites ayuda financiera de tus padres. Es más, tal vez ellos mismos insistan para seguir manteniéndote un tiempo, aún cuando les asegures que nada te falta. Y es que no importa tu edad, el hecho de que trabajes o que asistas a la universidad: los padres siempre nos verán como indefensos.
Pero si el dinero con el que te manejas es de tus padres, considera que el día de mañana podrían opinar sobre cómo lo gastas. Por ello, es importante que dejen en claro algunas cosas: la cifra prestada, cómo será devuelta (si es que insistes en devolverla) y que tus cuentas son asunto tuyo. Claro que lo mejor sería no pedirle prestado a nadie, pero en caso de apuro, mejor que sea a tu familia.

Saber trazar límites

La cuestión no es no pedir nunca ayuda, sino saber establecer los límites. ¿Llevar un bolso de ropa sucia a lavar en el lavarropas de tu casa paterna? Está bien. ¿Qué mamá lave, planche y almidone tus calzoncillos? Está mal. ¿Pedirle a tu madre consejos sobre qué productos usar para limpiar el baño o la cocina? Está bien. ¿Qué sea ella quien, día por medio, va a hacer la limpieza a tu casa? Está mal.
Ser independiente implica renunciar a las comodidades de la casa familiar y a la protección de tus padres. Puede darte algo de miedo al principio, pero se compensa con creces por las satisfacciones.

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