Esas situaciones que sacan de quicio a cualquier estudiante

La vida de los estudiantes no siempre es fácil. Hay situaciones que ponen nervioso a cualquiera, pero que de todas maneras debemos afrontar a diario.

Hay situaciones que sacan de sus casillas a cualquiera

Hay situaciones que sacan de sus casillas a cualquier estudiante

Ir a la universidad como estudiante puede ser muy divertido. Es un ámbito ideal para conocer nuevos amigos, nos proporciona una innumerable cantidad de herramientas para progresar laboralmente y forjarnos un mejor futuro, y al elegir nuestra carrera, tenemos la satisfacción de estar aprendiendo sobre aquello que más nos interesa.

Sin embargo, también hay momentos en la vida cotidiana del estudiante que pueden poner de mal humor al más optimista. Son esas situaciones que sacan de quicio a cualquier estudiante, pero con las cuales no nos queda más remedio que lidiar.

El libro difícil en la biblioteca

De ese libro depende poder completar la monografía en la que ya llevamos tres semanas trabajando. Sabemos que está en la biblioteca porque figura en el catálogo on-line. Sin embargo, cuando vamos a pedirlo, nos dicen que hace seis meses fue dado en préstamo y nunca fue devuelto. O peor, tenemos la mala suerte de que quedaba un ejemplar y justamente se lo entregaron a la chica que estaba delante de nosotros en la fila. ¿Por qué?

Las largas colas en la cafetería

Cuando todas las clases terminan a la misma hora, no es para sorprenderse que la cafetería, el local de fotocopias o el baño se llenen de estudiantes. ¿Qué mejor manera para aprovechar nuestros diez minutos entre clase y clase que tomando un café? Lástima que el tiempo transcurre mientras esperamos en la fila detrás de otros dieciocho estudiantes, y para cuando llega nuestro turno, haya que volver corriendo al aula procurando no derramar el café caliente sobre nuestros pantalones…

A nadie le divierte preparar un examen. Pero cuando la evaluación llega sin previo aviso, puede transformarse en una verdadera tortura psicológica. Incluso cuando el docente avise que se trata de una “prueba diagnóstico” y que la calificación no influirá en nuestras notas finales, es inevitable sentirse examinado por una lupa gigantesca que penetra en los más recónditos rincones de nuestra ignorancia.

Todos tenemos algún compañero que nos amarga la cursada. Puede ser aquel que intenta copiarse de nuestro examen escrito, y que consigue que el profesor no nos saque la vista de encima por el resto del semestre. También aquel que se siente libre de opinar sobre cualquier cosa en cualquier momento (y que interrumpe la clase con acotaciones cada cinco minutos). Finalmente, podemos tener la mala suerte de que nos toque formar un grupo de estudio con alguien que nunca se digna a aparecer o a llegar a tiempo.

Razones todas para que los estudiantes nos armemos de paciencia. ¿Qué otro remedio tenemos?

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