El dilema de llevar cursos “fáciles” o “difíciles”

A menudo somos testigos de la reacción que se genera en los demás cuando se enteran de la especialidad que estamos cursando. Si, por ejemplo, estudias medicina o ingeniería serás considerado más inteligente que aquellos que estudian educación o arte. Todos sabemos que existe un mayor grado de dificultad en ciertas carreras universitarias pero, ¿debería esto influir en la elección de mi futuro profesional?

No hay asignaturas fáciles o difíciles, sino que nos cuestan más o menos

No hay asignaturas fáciles o difíciles, sino que nos cuestan más o menos

Un estudio reciente ha demostrado que cursos como física, química y biología, son el doble de difíciles que otros como sociología, teatro o arte, y 75% más complicadas que inglés o administración.

Tomemos como ejemplo el caso de una joven que acaba de dar los exámenes finales de las siguientes asignaturas: Idiomas, arte, fotografía y cine. La mayoría de las universidades catalogaría éstas como materias fáciles.

Los padres normalmente estarían contentos con el buen aprovechamiento de la joven en sus asignaturas.
Pero bajo las premisas antes señaladas, ahora surge una disyuntiva: ¿Realmente escogió bien sus cursos pensando en su futuro y pilló aquellos en los que podía obtener una mejor calificación?, o ¿habría que regañarla por haber escogido las materias más fáciles y advertirle que los trabajos con ese tipo de currículum no le lloverán?

Pues la disyuntiva está demás. La joven escogió llevar esas asignaturas para poder desarrollarse profesionalmente en lo que ella desea. No tendría sentido obligarle a llevar cursos de mayor dificultad en los que no muestra ningún interés, o persuadirla para que estudie otras carreras como medicina o ingeniería.
Se debe respetar su decisión y al mismo tiempo ofrecer una orientación adecuada.

Pero… ¿Cómo elegir qué estudiar?

La realidad es que la gran mayoría de los jóvenes escogemos nuestra carrera profesional basados en nuestra capacidad e interés y de acuerdo con lo que queremos desarrollar en un futuro cercano. Como prueba de lo anterior, en una encuesta realizada por una prestigiosa universidad europea, se preguntaba por la razón principal que ha llevado a un cierto número de estudiantes a escoger sus respectivas carreras: El 80% respondió que fue por interés profesional, porque es lo que les gusta o por cuestiones académicas, razones todas completamente válidas y coherentes; el 20% restante argumentó que fue por la mayor “facilidad” que presentaban las asignaturas incluidas.

Entonces, ¿qué se debe hacer con aquellos dentro del 20%?

Opciones

Por lo general se puede reaccionar a este problema de tres maneras diferentes:

-No hacer nada: Obviamente resulta poco recomendable.

-Proponerles una lista de asignaturas diferentes y complementarias, pero del mismo nivel que las escogidas por el estudiante: Seguiríamos en lo mismo.

-Incentivarles poco a poco a llevar cursos de mayor nivel de dificultad, pero siempre de acuerdo a lo que ellos quieren estudiar: Esto tendría un efecto de aumento en el desarrollo mental y académico del alumno, pudiendo por tanto aspirar a grados académicos más importantes y a posteriores trabajos mejor remunerados.

Ahora bien, hay ocasiones en las que uno termina eligiendo un camino incorrecto por el simple hecho de no haber sido bien orientado con respecto a nuestra vocación…

Tutores de admisión en los cursos 

Son muy importantes en esta etapa de nuestras vidas. Ellos, desde su experiencia en los medios académicos, pueden proporcionarnos las asignaturas más convenientes de acuerdo a lo que queremos estudiar, explicándonos las diferencias entre cada profesión así como las ventajas y desventajas de escoger una carrera en el área de ciencias, de letras o de artes.

Es cierto que muchos odian el campo científico por lo pesado que se hace aprender tanto número y fórmula, situación que muchas veces desemboca en la elección de materias menos complicadas. Una solución a esto sería hacer su aprendizaje lo más agradable posible y dejar claras las ventajas que tiene cada especialidad de esta área en el actual mercado laboral.

El mayor problema a resolver no es el de aquellos estudiantes que escogen las asignaturas más difíciles ni tampoco el de los que optan por las más fáciles. Donde hay que poner mucha atención es en aquellos casos en que los alumnos no pueden conseguir una adecuada guía profesional por parte de los padres o de la misma institución educativa, con respecto a qué cursos elegir.

Es totalmente injusto decir que es mucho más sencillo obtener una buena calificación en sociología que en física, pues es como comparar peras con manzanas. Al mismo tiempo, es bastante triste que por falta de orientación uno salga de la universidad con la mejor calificación en materias que los empleadores y las mismas autoridades universitarias tienden a no valorar.

Por tanto entérate bien de los pros y los contras de cada camino a seguir, pues de una correcta orientación y una posterior buena elección, dependerá el éxito o el fracaso de tu futuro profesional.

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