Educación y cine: Los 400 golpes

El cine, como cualquier obra de arte, presenta una visión de mundo particular. El filme de François Truffaut es un buen ejemplo de esto, en el mismo pueden comprenderse algunas formas y características de la educación de la primera mitad de siglo.

Los 400 golpes se desarrolla en el París de posguerra

Los 400 golpes se desarrolla en el París de posguerra

Las realizaciones cinematográficas pueden darnos, en más de una oportunidad, la visión del realizador acerca de algo. Para el espectador se presentarán cuestiones más o menos explicitas de las formas humanas, como es en el caso de la película Los 400 golpes.

Cuando se abordan temas tales como la educación o alguna otra institución, hay una serie de supuestos, incluso implícitos, que nos pueden dar una idea de cómo era el colegio hace unos años. Cuáles eran sus normas y requisitos, cómo era la relación estudiante-docente, cuál era el lugar del alumno y otras cuestiones de igual interés.

Esto nos puede servir, no solo para poder comprender ciertas cosas, sino también para poder ponerlas en comparación con las actuales. Desnaturalizar las formas del presente y repensarlas.

Un tiempo atrás

“Los 400 golpes” es una película de François Truffaut, reconocido director francés que puede ser considerado uno de los integrantes del movimiento estético denominado Nouvelle Vague. Realizada en el año 1959, el filme muestra al personaje principal Anotine Doinel, pequeño que asiste al colegio primario y presenta algunos problemas de conducta.

El director ha creado a este personaje casi como un alter ego de él mismo. Antoine protagonizará otras historias, además de la que en este caso nos compete, y nos ofrece la visión del director acerca del paso por la educación estatal. Esto es fundamental porque, si bien no se plantea explícitamente como una obra autobiográfica tiene muchos elementos del propio género.

Vínculos problemáticos

En cuanto al ambiente áulico lo primero que se percibe es la relación total y absolutamente despareja entre el docente y el alumno.
El maestro de Antoine se haya separado de sus estudiantes por una brecha insalvable que él mismo se encarga de generar. La idea de maestro todopoderoso, que todo lo sabe y propone un vínculo unidireccional. No hay en este modela una posibilidad de intercambio, la única voz que vale es la de maestro y debe ser respetada. Aún cuando pueda encontrarse algo en los niños que valga la pena ser escuchado, analizado y compartido, prevalecerá el silencio que propone este docente.

En la institución planteada en el filme, un espacio para los jóvenes rebeldes, no hay lugar para la palabra del alumno. Más aún, ante la denuncia y defensa de los mismos la palabra carece de valor. Tanto desde la escuela, como las figuras adultas de la familia, descreen de lo que puedan enunciar sus alumnos e hijos.

Antoine se defiende de una falsa acusación, pero su enunciación vale prácticamente nada en contraposición de lo que dice el docente. Los vínculos son desparejos y se pierde el decir de una de las partes.

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