Convivir es vivir

Pasé el primer año de carrera en una residencia mixta donde me lo hacían prácticamente todo. Cada vez que volvía de clase tenía la cama hecha y mi cuarto perfectamente recogido. Además, la chica de la limpieza nos dejaba la ropa limpia y planchada encima de nuestra mesa. Fue un lujo que me duró exactamente un curso.

Todas en mi baño

Todas en mi baño

Al año siguiente unas amigas y yo decidimos irnos a una casa cerca de la universidad. Sería la primera vez que vivíamos totalmente solas y, para no sentir ningún tipo de carencia o vacío, nos fuimos siete.

Mi madre me dijo que eran demasiadas personas para tener una buena convivencia, pero lo normal entre nosotras es que yo no haga mucho caso de lo que me dice. Este caso no podía ser una excepción, así que nos fuimos todas juntas.

Muchos metros cuadrados pero poco espacio para vivir

Después de mucho buscar, encontramos la casa perfecta. Se trataba de un chalet de cuatro plantas, un jardín privado, siete habitaciones y ocho baños. Era justo lo que necesitábamos, pero los primeros problemas empezaron cuando sorteamos las habitaciones. Iba a ser totalmente al azar, pero al final siempre hay enfados, que suelen venir por parte de aquellas personas a las que les ha tocado los cuartos pequeños.

Superado atrás y dejando de lado los rencores porque la de la habitación grande cogió el papel justo antes que tú (y eso nadie lo ve justo), empieza la mudanza. Es un momento en el que las nuevas habitantes de la casa se creen que van a pasar en ese lugar el resto de su vida y se llevan todo lo que tenían en casa de sus padres solo por sí acaso lo necesitan. Llevo cuatro años viviendo fuera de casa y los cuatro han sido en un sitio diferente. Ahora me doy cuenta de la cantidad de trastos inútiles que muevo de un lugar a otro.

De repente, ese chalet enorme no lo parece tanto y los armarios empiezan a rebosar. El garaje es el principal afectado y en el espacio dónde cabían cuatro coches ahora tienes que maniobrar para meter uno. Se amontonan las cajas, es increíble.

Siete en el paraíso

Así se llamaba la famosa serie de televisión de los años 90 y así creíamos que sería nuestra convivencia durante ese año que ya pensábamos alargar durante toda la carrera. Menos mal que no firmamos un contrato de cinco años, porque luego suceden las cosas menos pensadas.

Tú piensas: Bah! Si llevo viviendo con ellos/as todo un año en la residencia, nos organizaremos bien en todo, nos llevamos genial, va a ser una experiencia increíble. Cuando llegas a tu nueva y flamante casa te das cuenta que la que parecía más ordenada tiene la costumbre de dejarlo todo por medio y que alguna que otra ni siquiera intenta coger la escoba.

A la hora de elegir a las personas con las que vas a convivir durante al menos 9 meses, debes pensarlo dos (o dieciocho) veces si hace falta. No es una decisión que se deba tomar a la ligera, porque si a mitad de curso sucede algo desagradable tú estas atada en esa casa. Más adelante contaré alguna de las anécdotas por las que siete si que son multitud.

Leave a Reply

Your email address will not be published.

Suscríbete a nuestro newsletter!
Suscríbete