Convivir es vivir III

Cuando los platos se empiezan a acumular en la pila de la cocina es cuando ha llegado el momento de poner orden, pero ojo, no sólo hablo de la casa, si no de tus amistades en general. Es mejor resolver los problemas de convivencia o puedes llegar a perder a tus compañeras porque se les olvida recoger la mesa después de comer.

Suele ser algo diario: vasos encima de la mesa, ropa tirada, motas de polvo correteando por el suelo… Y a nadie parece importarle porque claro, somos estudiantes y no tenemos tiempo. Yo también soy estudiante y no me gusta vivir en un sitio que parece una leonera. Muchas veces parecía que nadie comprendía esto y muchas veces, debo admitirlo, era yo la que lo causaba.

Convivir es vivir

Convivir es vivir

La mejor solución: establecer horarios

Es lo primero que se debe hacer cuando decides irte a vivir con más gente. Una se ocupa del salón los lunes, otra los martes, la otra de la cocina los miércoles, etc. Quién no lo respete lo vuelve a repetir al día siguiente y así hasta que realice sus tareas correctamente. Normalmente no sucedía ni una cosa ni la otra, pero bueno por lo menos teníamos la intención.

Una cosa muy importante a tener en cuenta es el contrato de alquiler de la casa. Existen dos tipos de alquiler: el solidario y el normal. El solidario viene a decir que en el caso en el que uno de los inquilinos de la casa no pague se hace cargo el resto. En el normal, cada uno paga una cantidad determinada y se hace cargo de lo suyo.

En casa de estudiantes se suele hacer el contrato solidario, pero debéis intentar evitarlo en la medida de lo posible. El primer año que nos fuimos siete a vivir solas, en enero una de ellas decidió no seguir con la carrera y se marchó a su ciudad de origen. El resto debimos cargar con el peso de su alquiler hasta que finalizó el curso y aunque no es una cantidad muy grande dividida entre seis, si que se nota. Si a ello le sumamos la bronca que tuvimos con nuestros padres por algo que realmente no había sido nuestra culpa, pues apaga y vamonos.

Luz, agua y gas: caldo para la sorpresa

Era el primer año que teníamos que hacernos cargo de facturas como las de agua, luz y gas, a las que luego se le fueron sumando muchas otras, por ejemplo las de Internet o televisión por cable. Cada día llegaba una nueva, pero al dividir entre siete las cantidades no resultaban pesadas ni un gasto fuera de lo común.

Digamos que esto sucedió los dos primeros meses y cuando llegaron las facturas de verano nos vimos con una cantidad enorme que pagar, que a pesar de dividir entre siete seguía siendo bastante considerable.

Por ello, debo decir que mantener el control de lo que consumimos es muy importante, porque si no luego llegan las sorpresas y éstas siempre los acabamos pagando de nuestro bolsillo.

Foto | Fotolia.com

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