Cine y educación: Entre les murs (parte 2)

En esta segunda parte intentaremos tratar más a fondo las problemáticas que permite analizar esta película francesa “Entre los muros”. Las dicotomías y las paradojas tienen lugar en el aula y el docente debe intentar barajar todas las posibilidades buscando la mejor de las posibilidades para sus alumnos, sin perder de vista la construcción de su figura como docente.

En la primera parte del artículo sobre Entre les murs comenzamos a delinear las temáticas más importantes que se abordan en este filme de Laurent Cantet. En esta oportunidad continuamos utilizando esta película como disparador para abordar diversas problemáticas del sistema educativo actual.

Vínculo docente-alumno en Entre les murs 

Las cuestiones vinculares son siempre complejas, y la relación docente-alumno no es precisamente la excepción.
Históricamente el trato entre estos agentes educativos ha ido cambiando. Los extremos se han hecho presentes en diferentes períodos. Por ejemplo, en “Los 400 golpes”, película que hemos abordado en este sitio, el docente tenía la fuerza física del castigo, así como también el privilegio abusivo de ser la única voz válida dentro del aula.

En este filme el panorama es completamente diferente. La noción de respeto está absolutamente en crisis. ¿Cómo abordar un curso dónde la cuestión del respeto al docente está tan bastardeada? Los estudiantes son contestatarios, maltratan al docente, no tienen ningún pudor en propiciar insultos o preguntarle acerca de sus gustos sexuales.

Los estallidos no se hacen esperar y en el trato cotidiano hay situaciones de una enorme violencia verbal. Ahora bien, ¿Qué hacer? El docente sabe que no es útil enfrentar a los jóvenes, no está de acuerdo con sus formas pero busca permanentemente puntos de contacto. La habilidad del docente está en generar puntos de atracción para el aprendizaje, lidiando constantemente con la irreverencia de su grupo de alumnos.

Constantemente se ve el esfuerzo que hace el protagonista por no perder el vínculo con ningún alumno, al tiempo que tiene que hacer valer su figura, logrando que lo respeten. No es posible ponerse en contra de los alumnos, ya que esto cerraría los canales de recepción, y por supuesto, tampoco es posible ponerse al lado de los estudiantes. El docente no es un enemigo, no es un par, y debe buscar un lugar allí en el medio, un espacio en el que sea respetado, pero no temido, accesible, pero escuchado. La labor es difícil y en muchas ocasiones el espectador visualmente a situaciones que podrían colapsar fácilmente a cualquier persona.

¿A dónde van los expulsados?

Esta problemática se pone sobre el tapete a partir del mal comportamiento reiterado de uno de los jóvenes. Éste ha cometido graves faltas y la norma dice que debe ser expulsado de colegio.
Ahora bien, aparece aquí una cuestión fundamental ¿Qué hará por fuera del colegio? ¿Y si en otra institución vuelve a ser expulsado? ¿Cómo contener y apoyar la inclusión de alumnos desinteresados a partir de un régimen de expulsión?

Subyace la problemática, la dicotomía presente en una enorme cantidad de docentes y egentes educativos relativa a encontrar la forma de hacer coexistir una manera de transmitir la idea de respeto, en el contexto de una institución, y por tanto impartir castigos, lo cual se vuelve dificultoso cuando el receptor de ese castigo no está interesado en permanecer en el aula, cuando los vacíos que se exponen van mucho más allá del sistema educativo.

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