Cambiar de universidad

Normalmente, cambiar de universidad no debería implicarte un reto. Sin embargo, cualquier cambio es de algún modo un desafío. Presta atención y lo sortearás exitosamente.

Ya sea porque a ti o a tu familia les ha surgido la oportunidad de mudarse a una nueva ciudad, o bien porque has descubierto que otra casa de estudios te representa una mejor posibilidad para continuar con tus estudios, puede darse el caso de que, sin ser un estudiante de primer año, seas “el nuevo” de la clase en la universidad. Para empezar con el pie derecho, presta atención a los siguientes consejos.

Averigua bien las equivalencias

Más allá de que no hayas cambiado de carrera, al pasarte a una universidad nueva debes considerar que los planes de estudio tal vez sean diferentes. Averigua bien cuáles de las materias que ya tienes aprobadas se te dan por válidas y cuáles, en cambio, requieren que las recurses.

También debes notar que en algunos casos el contenido de los cursos es el mismo aunque su nombre cambie: por ejemplo, si en tu vieja universidad cursabas “Semiología” y en la nueva “Semiótica de los medios de comunicación”, lo mejor es comparar los programas de ambas materias, para saber si la superposición de contenidos justifica que te den la materia por aprobada.

Date tiempo para conocer los espacios

¿Recuerdas tu primer día de clase? Seguramente llegaste cinco minutos tarde al no encontrar el aula indicada. Te perdiste camino al bar y no encontrabas la máquina expendedora de bebidas. Al ir a consultar la biblioteca, olvidaste que debías pedir primero el carné en el departamento de alumnos que queda en otro edificio… Para que esto no vuelva a ocurrirte en tu nueva universidad, date un día para recorrerla sin la presión de ir a cursar. Llega temprano y aprovecha para recorrer los nuevos espacios. De esta manera, te sentirás más pronto como en casa.

Muéstrate tal como eres

Uno de los desafíos de cambiar de universidad es el de conocer nuevos compañeros, hacerse de un nuevo grupo de estudios y, poco a poco, trabar nuevas amistades. Para ello, lo mejor es ir de a poco y sin miedo. Ya no estás en la escuela media, donde la presión de ser “popular” se contrapone con la voluntad de estudiar y aprender.

En la universidad somos todos jóvenes adultos con intereses similares. Si te muestras tal como eres, sin disimular tu timidez o tu miedo, seguramente pronto encontrarás compañeros dispuestos a hacerte un lugar en el grupo. Ante todo, ten paciencia contigo mismo: cualquier cambio requiere un tiempo.

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