“La ola”

El filme “La ola” nos deja pensar en una enorme cantidad de cuestiones relativas a la dinámica grupal dentro del espacio áulico y la conformación del alumno, en tanto individio portador de una identidad.

Hace un tiempo hablamos en este sitio sobre el filme que generó más de un cuestionamiento en el público que asistió a la salas: “La ola”. Este filme representa el caso real de un grupo que, bajo la ingenuidad o ceguera propia de crear un grupo y defenderlo como parte de un proyecto escolar, dieron lugar a la creación de un peligroso núcleo de pensamiento dictatorial y fascista.

Dennis Gansel, director de La ola y Jennifer Ulrich, Max Riemelt, dos de sus protagonistas

Dennis Gansel, director de La ola y Jennifer Ulrich, Max Riemelt, dos de sus protagonistas

Yo pertenezco

En el filme de la Ola se genera el siguiente interrogante: ¿qué tiene que suceder para que se enmarque un régimen autoritario-autárquico? Es decir, ¿cuáles son las situaciones ideales que funcionan como germen para semejante situación? Lo primero que se encuentra como causante: el malestar. Esta sensación como tal puede darse en una enorme cantidad de situaciones.

En el espacio escolar en si mismo suele suceder que entre ciertos grupos se genere claramente esto: malestar.
Parte de la identidad del adolescente se crea a partir de la diferenciación de él mismo y un otro. Alianzas por un lado, y rivalidad por el otro. Hasta cierto punto la formación de grupos contrapuestos es inevitable. A lo que hay que prestarle atención es a una cuestión quizá más filosófica: lo que se deposita en ese otro.

De la diferenciación a la intolerancia puede haber un casi imperceptible movimiento. De allí no hay que correr la vista. Es nuestra tarea como sociedad entender la tolerancia casi como metodología. Entender a un otro como alguien que puede ser distinto y no por ello cargar con la culpa de todo aquello que genera malestar. Los regímenes autoritarios buscan una figura catártica, un chivo expiatorio en el que se condensan todas las causas del malestar social y económico. Esto, por supuesto, que claramente es falaz.

Es necesario pensar y repensar el proceso de la identidad como algo volcado sobre uno mismo y no sobre un ser ajeno a mi que condense todas mis penurias y miedos. El trabajo es tan arduo como necesario. En un contexto áulico, de enseñanza secundaria, terciaria o universitaria es vital no perder el eje, no alejarse nunca de la reflexión que nos lleva a pensarnos a nosotros como individuos, pero como individuos dentro de una sociedad en los que pares y dispares deben convivir bajo un manto de respeto y tolerancia.

Cuestión de líderes

Continuando con el interrogatorio a los alumnos el profesor sigue ahondando en las necesidades para la conformación de un régimen autártico. La próxima respuesta no tarda en llegar: un líder, una figura que genere respeto y que sepa guiar a sus seguidores.

En el filme la figura de líder se encuentra absolutamente homologada a la del profesor. El espacio de poder es, en cierto modo, resemantizado y repensado. Sin duda, este planteamiento abre la posibilidad de reflexionar sobre el papel del docente. Sobre la importancia de dicha figura en una clase, en un período de formación y como guía de un grupo de jóvenes que están aprendiendo.

Foto | Manfred Werner – Tsui | Commons.wikimedia.org

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