Ganarle la batalla a un profesor
Ante esta afirmación sólo puedo dar un consejo: cállate. Sí, tu profesor puede ser la peor persona del mundo, pero es aquel que te pone las notas. Reaccionar mejor o peor ante esta situación puede significar la diferencia entre un notable y un aprobado raspadillo. Así que chicos, al loro.
Sonríe. Haz creer a tu profesor que es la mejor persona del mundo aunque te mueras de rabia por dentro. Tu superior tiene que pensar en todo momento que eres una chica encantadora. Aquí las chicas jugamos con ventaja, para que nos vamos a engañar. Les encanta que se interesen por su vida: de dónde es, qué estudió, qué edad tienen sus hijos…
A todo el mundo le gusta que los demás se preocupen por ellos. A los profesores también y es esto lo que te hará estar por encima de esas treinta personas que forman el conjunto de tu clase. Un poco de peloteo nunca viene mal y en momentos de crisis no sabéis de la que os libraréis.
Unas lagrimitas, un aprobado
Por lo tanto para aquellos que no destacan por pasar muchas horas en la biblioteca tengo que destacar la importancia de la simpatía hacia los profesores desde el primer día. A mí me libró de varios suspensos.
Junio, examen final de fotografía, suspenso. Esto significaba que me tocaba volver en julio a examinarme y es que a alguien de nuestra universidad se le ocurrió la fantástica idea de pasar los exámenes de septiembre de toda la vida a mitad del verano. Un gracioso.
Yo ya me veía en Madrid, 40 grados a la sombra y no lo podía permitir. En verano no se puede estudiar, eso debería de estar escrito por ley. Antes de rendirme me reuní con dos amigas mías que estaban en las mismas circunstancias y nos reunimos con el profesor en cuestión.
Debo decir que aunque no atendíamos mucho en clase, le gastábamos bromitas y le hacíamos reír todos los días. Por lo tanto en la reunión sabíamos por dónde tirar. Llegó el momento de las lágrimas, hablar de vacaciones familiares rotas por culpa de ese examen y de la elevada dificultad de la teoría. Esos 15 minutos de lloriqueos nos dieron el aprobado a dos de tres. La tercera en discordia tampoco tenía la parte práctica y con eso ya no podíamos hacer nada.
Librarse desde el principio
Este es uno de todos los casos que me han librado del suspenso seguro. Nunca hice un examen en septiembre o en julio (maldito julio), así que ¡algo de razón debo de tener! Y de no ser así, espero que vosotros me contéis otras formas de intentar estar… un poquito menos suspenso.

