Estudiantes que viven solos: volver a la casa paterna

Es normal que al principio te sientas un bicho raro al volver a casa de tus padres
Es normal que al principio te sientas un bicho raro al volver a casa de tus padres

Cuando un tiempo atrás tomaste la decisión de irte a vivir solo, tal vez suponías que era para siempre: de ahora en adelante, serías independiente de tu familia. Lamentablemente, las cosas no siempre salen como lo hubiéramos creído, y por algún motivo has debido dejar tu nuevo hogar y volver a la casa paterna. A no desesperarse: no es una situación tan infrecuente como parece, y tampoco tiene que implicar un retroceso. Es cuestión de sacar de ello un aprendizaje.

Analiza los motivos

Lo primero que debes considerar mientras intentas reacomodar tus bártulos en tu viejo dormitorio –que ahora te parece diminuto- son las razones por las que vuelves a vivir con tus padres. ¿No pudiste sostener un tren de gastos? ¿Te quedaste repentinamente sin trabajo? ¿Te deprimías estando solo mucho tiempo? ¿O son tus padres quienes te han pedido que vuelvas porque necesitan tu ayuda?
Cada motivo implica diferente responsabilidad por tu parte.

Si se trató de dinero, piensa cómo hacer para organizar mejor tus ingresos la próxima vez. Quizá necesites ganar experiencia en tu empleo para poder solicitar un aumento, aprovecha el tiempo viviendo con tu familia para ahorrar. Los ahorros también pueden sacarte de apuro frente a una situación inesperada –y que no depende de ti- como es perder el trabajo.

Aplica lo que la experiencia te ha dejado

Si pasaste un tiempo viviendo solo, seguramente sientas que no puedes volver a ser “el niño mimado” de la casa. Colabora con tu familia activamente en las tareas domésticas, demuestra que supiste ser independiente –al menos por un tiempo- y ellos no volverán a exigirte reglas antiguas tales como que llegues a horario o que cenes en familia con el televisor apagado. Tus padres comprenderán que estás en casa de manera provisoria, hasta que estés preparado para irte otra vez. De cualquier manera, no olvides que la convivencia siempre implica respeto por el otro.

¿Listo para volver a intentarlo?

Una vez superado el mal trago, puedes volver a plantearte una nueva mudanza. Si aspiraste demasiado alto la primera vez –por ejemplo, alquilando un piso costoso que no pudiste mantener-, ponte expectativas más realistas. Si lo de vivir solo no funcionó porque no te sentías cómodo, considera convivir con amigos o compañeros de facultad, o bien mudarte a una residencia universitaria.

La experiencia vivida nos deja ganancias, aún cuando de momento la sintamos como una pura pérdida. Y, aún cuando te sientas desilusionado por haber tenido que volver a casa de tus padres, siempre ten en mente que un tropezón no es una caída.

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