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Esa maldita rivalidad

Escrito por Mariana Del Rosal / 8 de octubre de 2009

La competencia es una actitud innata del ser humano. Sin embargo, podemos controlarla para no permitir que nos arruine las relaciones con las personas de nuestro entorno.

En todas las facetas de la vida existe rivalidad

En todas las facetas de la vida existe rivalidad

A veces, no alcanza con esforzarse por ser mejores. La competitividad en el mundo laboral y académico, las presiones de nuestra familia y de los docentes así como ciertos componentes que a veces poseen determinadas personalidades, nos hacen que nos esforcemos por ser mejores que los demás.

La competencia, en sanas dosis, puede servirnos como aliciente para progresar. Sin embargo, también puede convertirse en un sentimiento altamente negativo que no nos permita disfrutar de nuestros logros.

Competencia entre hermanos

Es normal que surjan pequeñas rivalidades entre los hermanos. El menor envidia la independencia del mayor, y éste, a su vez, echa de menos la época en la que era el “rey de la casa”. Según cómo los padres eduquen a sus hijos y lo que les transmitan (ya sea confianza en sí mismos, ya sea duda e incertidumbres) la competencia entre los hermanos puede diluirse con el paso de los años, o bien alcanzar dimensiones épicas.

Si ambos hermanos eligen estudiar la misma carrera, es más probable que entre ellos compitan para ver cuál es el mejor. Sin embargo, aún en diferentes campos, la competencia entre hermanos puede no desaparecer nunca por completo, aún bien entrada la adultez.

Competencia entre amigos

En la adolescencia, el grupo de pares pasa a ser un referente de mayor peso que la propia familia. Puede existir competencia entre los amigos: quién obtiene mejores calificaciones en la escuela, quién ha conseguido un novio o una novia más apuestos, quién tiene más dinero para salir el fin de semana.

Sin embargo, a medida que trascurre la adolescencia, los vínculos de amistad tienden, bien a profundizarse, bien a diluirse. Lo normal es que en una relación de amigos adultos ya no haya competencia, sino que cada uno se regocije en el éxito del otro.

Competencia en el estudio

También en la universidad existe la competencia. Ser el preferido del profesor es visto por algunos como una meta a alcanzar, y caen por eso en actitudes serviles. La lucha por alcanzar el podio por los mejores promedios se explica por el mejor acceso a becas y oportunidades en el ámbito académico.

Sin embargo, nunca hay que perjudicar a los demás, sino esforzarse por alcanzar uno mismo su mejor nivel. No está mal competir, siempre y cuando no se convierta la competencia en nuestro único motivo para mejorar. Es importante luchar por superarnos a nosotros mismos y a nuestras limitaciones antes que a los demás.

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