El debate en clase

Debatir en el contexto de una clase tiene muchas ventajas. En un marco ligado al aula, el profesor puede proponer el debate como una forma de aprendizaje. De las diversas miradas sobre un mismo tema pueden surgir nuevas dudas, preguntas e ideas.

En el intercambio de opiniones suelen surgir cuestiones de lo más interesantes. El compartir las ideas, confrontarlas, entenderlas en sus diferencias y repensarlas es una de las tareas más ricas que pueden llegar a tener lugar en el transcurso del aprendizaje.

Estudiar en grupo, armar grupos de estudio y discutir los diferentes temas que deben abordarse para una materia, una entrega determinada o un examen suele ser una muy buena técnica para prepararse.

Pero además de lo que los estudiantes pueden desarrollar como técnica por fuera de la clase es importante pensar cual es el lugar que tiene el intercambio de opiniones en el contexto áulico.

Cuestión de cantidades

Si bien es cierto que el debate puede ser muy nutritivo no todos los contextos son apropiados para el mismo. Cuando los cursos universitarios cuentan con una enorme cantidad de alumnos el dialogo no es verdad de lo más auténtico ya que si realmente participaran todas las voces no seria posible ser llevado a cabo.

Pero en los cursos más reducidos, más pequeños es interesante buscar momentos en los que el aprendizaje surja a partir del debate. Es algo fundamental el poder visualizar a los compañeros, a aquellos que estar ofreciendo su alternativa de análisis sobre un determinado autor o tópico. De esta manera, interactuar visualmente es una forma de reconocer y respetar al otro, más allá de que encontremos acuerdo o no en lo que aquel sugiera.

Para que realmente sea interesante el debate los participantes tienen que tener leído el material que se pondrá como eje del mismo, ya que sino no serviría de nada.

Definiendo conceptos

Debatir no es pelear. No es simplemente oponer dos o más puntos de vista disímiles, sino que implica un paso más allá de eso. Para que el debate sea posible, los participantes deben saber de qué se está hablando y avanzar sobre ello. La idea del debate no es solo comprender el texto sino poder pensarlo en diferentes perspectivas. Enriquecer el conocimiento con las más diversas alternativas de interpretación.

Cada cual, según su profesión, sus ideologías, sus creencias, su formación, en suma, su campo epistémico, comprende lo que lee de una manera determinada, tan propia como única. Por ello, lo interesante no es la oposición que se pueda generar, sino más bien recorrer los espacios interpretativos de tal forma que un mismo autor pueda ser leído y releído una y otra vez.

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