Estudios

Cuatro errores comunes en un examen escrito

Escrito por Mariana Del Rosal / 9 de enero de 2009

Existen ciertos errores muy frecuentes, a la hora de rendir un examen escrito, que pueden perjudicar nuestras calificaciones. Por suerte, conociéndolos podemos prevenirlos.

He aquí algunas de las equivocaciones más comunes que pueden llevarte al aplazo y cómo sortearlas. Suspender un examen no es nada agradable, si bien es algo que a cualquier estudiante puede ocurrirle alguna vez a lo largo de su carrera. Muchas veces, las calificaciones son insuficientes porque no hemos preparado el examen con la antelación necesaria, porque si bien hemos leído todo no llegamos a estudiar con la profundidad adecuada, o bien porque las consignas planteadas por el profesor no han sido claras.
Sin embargo, en ocasiones, la nota del examen no es tan alta como hubiéramos querido debido a errores evitables, que pueden corregirse para la próxima vez. Veamos cuáles son algunas de estas fallas, relativamente comunes, en los exámenes escritos.

No prestar la suficiente atención a las consignas

Muchos estudiantes dan sólo un vistazo a la consigna y se lanzan a responderla sin haberse asegurado en una primera instancia su correcta comprensión. Por ejemplo, si se solicita un desarrollo o una definición. Estos malentendidos pueden terminar repercutiendo en las calificaciones. Por lo tanto, frente a las consignas del examen, asegúrate de releerlas al menos una vez, y otra vez más al revisar tu examen antes de entregarlo.

Dejar de lado el orden y la prolijidad

La hoja del examen no es una hoja de apuntes. Es un documento que ha de ser leído y evaluado por un docente. Por ello, no está bien visto que se entregue con tachaduras, márgenes escritos, bordes arrancados descuidadamente o una caligrafía ilegible. Más allá de que tu calificación dependa de lo que dices y no de cómo lo presentas, tener mala letra puede confundir al docente y hacer que malinterprete una respuesta correcta como una equivocada. Es más: algunos hasta descuentan puntos por desprolijidad.

Descuidar la ortografía y la redacción

Más allá de que no se trate de un examen de lengua, cualquier docente espera que sus estudiantes universitarios sepan, mínimamente, redactar una respuesta legible. Errores básicos de ortografía –entre los cuales la omisión de acentos ortográficos debe ser el más frecuente-, fallas en la concordancia entre sujeto y predicado, incorporación de neologismos (palabras inventadas) o de términos excesivamente coloquiales… todos estos errores repercuten en la imagen del estudiante –futuro profesional- y necesariamente influyen en sus calificaciones.

No revisar

Es cierto que a veces el tiempo nos corre cuando de entregar un examen escrito se trata. Pero de cualquier manera, siempre es bueno darse cinco minutos extra para revisar las propias respuestas. Una relectura cuidadosa evitará errores tontos como escribir un nombre por otro, faltas de ortografía evidentes o alteraciones en los números (1479 por 1749, por ejemplo) que ocurren al escribir apurados. Si tu examen es de ciencias exactas, procura revisar también tus cálculos auxiliares.

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