Llegado el momento de decidir una carrera hay distintas cuestiones de peso en juego. Una de ellas es la de estudiar algo que nos guste. Otro aspecto que considerar es que nuestra carrera nos garantice –o al menos, nos dé mejores posibilidades de- conseguir un empleo bien rentado. No hay que descartar nada: estudiar por placer también tiene sus ventajas.
¿Qué pasa cuando el placer por estudiar entra en contradicción con la posibilidad de ganar mucho dinero con nuestra carrera? ¿Vale la pena optar por una carrera no lucrativa?
El placer vs el deber
Con estos dilemas suelen encontrarse quienes optan por algunas carreras artísticas: artes plásticas, música, literatura. Tal vez el arte sea lo que más amamos, a lo que le dedicaríamos gustosos el resto de nuestras vidas pero, ¿nos dará de comer? Lo mismo sucede si la carrera que nos gusta a nosotros es la misma que les gusta… a miles y miles de estudiantes.
Si estudiamos una carrera que en este momento tiene mucha demanda estudiantil, es posible que en el futuro nos encontremos con muchísima competencia laboral. Y esto se debe a que para que la sociedad siga funcionando, solamente hacen falta un determinado número de médicos, de psicólogos, de abogados o de ingenieros. Los demás, es posible que terminen engrosando la lista de desocupados o de subocupados, o bien que deban orientarse laboralmente hacia otro terreno.
Sea como sea, debemos sopesar tanto el factor placer como el factor deber a la hora de elegir una determinada carrera. Existen soluciones intermedias, así que no debemos desesperar.
El valor de un título
Finalmente hemos optado por la carrera placentera. Después de todo, como están las cosas hoy, ni siquiera un título de una carrera tradicional nos garantiza alcanzar la fortuna. Entonces, elegimos disfrutar nuestro tiempo en la universidad estudiando aquello que amamos.
Hay una buena noticia: de acuerdo con las políticas salariales de muchas empresas, el sólo hecho de tener un título universitario repercutirá positivamente en tu nivel de ingresos, más allá de que la descripción de tu puesto de trabajo no se ajuste exactamente a tu título. La educación superior se paga, porque una persona que ha logrado obtenerla es de por sí capaz y valiosa para las compañías.
Entonces, si trabajas en una multinacional y tienes una licenciatura en filosofía, tal vez no sea el trabajo de tus sueños, pero de seguro cobrarás más que alguien que no ha terminado su carrera de contable.
Reorientar tus saberes
Finalmente, hasta los títulos que parecen menos lucrativos pueden reorientarse. Si has estudiado bellas artes, con algunos contactos podrías entrar de ilustrador en una agencia publicitaria o en una editorial. Si estudias letras, puedes dedicarte a enseñar tu idioma a extranjeros. Si optaste por la música, puedes conseguir trabajo como docente en escuelas, o bien componer para el cine o la televisión. Lo valorado en estos días es más la versatilidad que el título en sí: así que no temas por tu futuro, estudia lo que amas y después haz valer todo lo que has aprendido.
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