Por alguna u otra razón, a muchas personas les resultan insufribles. Son ese tipo de compañeros de estudio que nadie elegiría tener… pero que, inevitablemente, todos tenemos que padecer en algún momento de la carrera. Conozcámoslos.

Hay compañeros que cuanto más lejos, mejor
El copión
“¿Me pasas la respuesta de la pregunta 5?”, cuando estábamos en los primeros años de escuela media, a nadie le hubiera molestado o sorprendido esta frase susurrada por el compañero de banco durante un examen. Pero, caramba, esto es la universidad. Ya no somos niños intentando evitar que nuestros padres nos castiguen por reprobar.
Aquel estudiante que sigue pretendiendo copiarse no ha comprendido que la carrera es algo que uno sigue por elección propia, que un profesional debe ser responsable a la hora de esgrimir su título (y, por lo tanto, no puede haberlo obtenido haciendo trampas). Para colmo de males, este tipo de compañeros puede hacernos quedar mal delante del docente.
El irresponsable
Ay de nosotros si nos toca compartir un grupo de estudios o de trabajo con uno de estos estudiantes. Ellos siempre tienen a mano una excusa por haber llegado tarde, por no haberte enviado por correo electrónico la parte del trabajo que les tocaba hacer, o por haber faltado justamente el día en que el grupo tenía su exposición oral. Una vergüenza.
El seductor empedernido
Si bien sabemos que existen los romances en la universidad y no tenemos nada contra ellos, el seductor o la seductora se comportan como si el único motivo que los llevara a haberse inscripto en la universidad sea ligar con cuantas más personas, mejor. Te hacen sentir incómodo con sus miradas y sus comentarios subidos de tono, o te persuaden de que simplemente quieren “juntarse a estudiar” cuando en realidad siempre tienen otra cosa en mente. ¡Qué fastidio!
El sabelotodo
De acuerdo: el sabelotodo no nos hace daño con su hábito de levantar la mano siempre primero ante cualquier pregunta del docente. Tampoco nos molesta que, mientras nosotros apenas sí llegamos a cumplir con las lecturas obligatorias, él ya cite de memoria la bibliografía optativa. Sin embargo, no deja de ser un hueso duro de roer. Así más no sea por el tono pedante que utiliza cada vez que nos dirige la palabra a cualquiera de nosotros, los “estudiantes del montón”.
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