Vivir

A clase, de empalme

Escrito por / 5 de febrero de 2009

En realidad hoy no es un buen día para escribir en el blog porque he venido al trabajo prácticamente sin dormir. Soy consciente de que lo que más veces haré a lo largo de la mañana será bostezar y de que la mirada puede que se me quede en blanco de repente.

Todos a clase sin dormir
Todos a clase sin dormir

Sin embargo, existen ciertas razones por las que el estudiante debe realizar la dura actividad de empalmar a lo largo de su corta (en algunos casos no tanta) vida universitaria.

Siempre hay algo que celebrar

Si no es el cumpleaños del amigo de tu amigo es la llegada de tu vecino, el caso es tener una excusa que pueda justificar tu falta de sueño al día siguiente.

-Pero como se te puede ocurrir venir de empalme, yo es que no podría.
-Ya, si en realidad no me apetecía nada, pero es que era el segundo aniversario de María con su novio y teníamos que salir a celebrarlo.

Y ya con esto tú te quedas contento, dices que has salido y lo has pasado bien. Si tienes fotos no dudes en enseñarlas. Repetirás a cada miembro que se cruce por tu camino que “lo tuyo es peor, que vienes sin dormir”. La cuestión es quejarse, que nos encanta que nos digan que vaya fuerza de voluntad que tenemos.

Debemos tener claro desde el principio que el decir que sólo sales un ratito y vuelves a casa mucho antes que el resto no funciona. Desengañate, volverás con todos los demás, aquellos que al día siguiente sólo se levantarán para comer.

Coger el hábito

Cuando estaba en primero de carrera cogí por costumbre el ir a clase todos los viernes sin dormir y creedme: pasa factura. Ya de por sí, llegar a un aula a las 9,30 y poner el redbull que te estas bebiendo encima de la mesa no da muy buena impresión. Es obvio que si decides salir de fiesta un día entre semana deberías ser responsable como para acudir a clase al día siguiente.

Sin embargo contra el sueño es muy difícil luchar y las primeras horas pues más o menos, pero a las doce de la mañana la cosa cambia y los párpados se empiezan a cerrar sin que puedas hacer nada por evitarlo. Debo decir que parte de la culpa la tiene la voz monótona de algunos profesores. A pesar de ello, el momento en el que por fin puedes marcharte a tu casa para partir la cama es el mejor del día e indiscutiblemente de la semana, hasta que llegue la siguiente y vuelvas a hacer lo mismo.

Así que nada, ánimo a todos aquellos que luchan habitualmente por no quedarse dormidos encima del pupitre, que eso nos ha pasado a todos y a pesar de saber lo duro que es, nunca aprenderemos.

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